Margaret no podía disimular el miedo que sentía al escuchar las palabras que Alexandra acababa de decirle, su mirada delataba el pánico que le producía la presencia de la joven, era perfectamente consciente de lo mal que se había portado con ella, de todo el sufrimiento que le causó y era lógico que Alexandra quisiera cobrárselo todo.
– Me alegra mucho saber que me recuerdas, no cariño, no tienes porque llorar, yo sólo quiero que tú sientas lo que yo sentí, podría desconectar todos los cables,