Mientras más se alejaban, Alexandra y Diana saboreaban el dulce sabor de la libertad, les había costado tanto poder llegar a ese momento. Muchos sufrimientos, humillaciones y torturas, pero ahora por fin lo que parecía imposible estaba allí, frente a sus ojos, el vehículo estaba en marcha, a toda velocidad para poder alejarse lo más posible de aquel lugar donde habían pasado el tiempo más terrible de su existencia.
– Al fin somos libres Diana, sabía que este día llegaría – Gritaba eufórica Alex