22. Repentina agresión
Medea retomó el llanto de hacía un momento al sentir pasos apresurados acercarse. Sabía que no era el inútil de Elian, que seguramente se estaba muriendo de angustia, sino Saphira, quien entró en la habitación respirando como una fiera embravecida.
—Medea, ¿es cierto lo que se murmura afuera? —se acercó rápidamente a ella—. Amiga, estoy aquí, sabes que soy tu confidente, puedes...
—Es verdad —trató de limpiarse las lágrimas con torpeza—. Ay, Saphira... creo que Elian me engaña.
Saphira se crisp