Capítulo 25
—Papá, es hora de irnos.
Mi padre estaba en su habitación. Desde que llegué a aquella casa solo salió de ahí para cenar con nosotros. Se notaba que estaba débil y cansado. El cáncer al parecer estaba acabando con su vitalidad poco a poco.
—Tienes un niño hermoso, Ivi —me dijo con la mirada cansada—, no arruines su mundo…
Fruncí el ceño sin entender a qué se refería.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Sé reconocer una mirada de odio cuando la veo. No sé qué te pasó allá afuera pero sé que