Adanna
Estaba presa del shock, completamente rígida, y podría jurar que dejé de respirar por un momento. Mis ojos estaban clavados en ella, en su sonrisa triunfal, en su descaro.
¿Cómo se atrevía a venir aquí? ¿Cómo podía pararse delante de mí con ese porte de victoria después de lo que me hizo? ¿Acaso no le daba vergüenza?
Ni siquiera una pizca de remordimiento.
Al fin y al cabo, nos criamos juntas como hermanas, y ahora ella me clavaba un puñal en el corazón con crueldad. ¿No le dolía verme d