Adanna
Con el sonido sordo de la puerta, mi corazón terminó de quebrarse. Tragué pesado y me llevé la mano al pecho porque no soportaba el dolor que se me clavaba allí.
—¡Iker! —grité, pero mi voz salió apagada y se perdió en el bullicio que se colaba desde afuera; aunque aquí no afectaba tanto, era tal mi debilidad que estoy segura de que no me escuchó.
Y, aunque lo hiciera, ¿serviría de algo?
Él me estaba traicionando con mi hermanastra.
Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas y mi l