Adanna
—¿Iker? Iker, ¿dónde estás? —pregunté, pero no recibí respuesta.
Mis pies estaban descalzos y cada pisada se sentía fría, al igual que mi piel. La oscuridad me rodeaba y había una brisa gélida que me erizaba los vellos. Traté de usar mi habilidad licántropa para ver en medio de las penumbras, pero no había nada.
Escuché que alguien corría. Luego, risas. Miré a mi alrededor, pero todavía la oscuridad cubría cualquier forma que hubiera allí. No sabía dónde estaba y todo se sentía tenebroso