Adanna
Nuestras miradas se conectaron por varios segundos. Había serenidad en el ambiente, una brisa agradable y mucha privacidad, pues los guerreros hacían guardias lejos de estos lares y no había ni un sirviente por los alrededores.
—Hasta que por fin te veo, Ada —me abordó él.
Podía ver el brillo en sus ojos, el alivio en su expresión.
—Estuve de vacaciones por una semana, pero ya estoy de vuelta —le dije, aparentando casualidad, como si nada de esto me estuviera matando por dentro.
—Lamento