Adanna
Observé a Iker con curiosidad y algo de satisfacción.
Era obvio que le molestó que me fuera a deshacer del escritorio. ¿Se podía ser más egocéntrico y cínico?
—Como dije, ya no lo quiero. La basura se bota, Iker, y es exactamente lo que haré —respondí con frialdad mientras hundía el tenedor en los huevos.
Era la primera vez que le hablaba con apatía, como si él no me importara, sin la devoción a la que lo había acostumbrado.
Ahora solo podía darle desprecio.
Él apretó los puños sin disi