Adanna
Alejada de la casa, en compañía de Reen y de los hombres que trajeron el escritorio hasta acá, observaba cómo las llamas consumían algo que tenía un gran significado para mí.
Con la misma agresividad con que el fuego destruía la madera fina del mueble, mi corazón se quebraba.
Había un dolor tan insoportable en mi interior que la respiración se me hizo difícil de regular. Era una sensación asfixiante.
—Ya todo acabó... —susurré, y las primeras lágrimas me mojaron el rostro.
Había un vacío