El cuerpo de Conan estaba hirviendo por dentro, rasgo su vestido, y apretó con sus amplias manos la piel sudorosa de la mujer, entre más se adentraba en el placer más fuerte rugía el deseo de hacerle el amor, y lo único que aplacaba esa insoportable necesita era sucumbir ante la seducción de su exesposa. Sus manos recorrieron su cuerpo como antes, sus labios marcaron caminos que se habían borrado.
Débora estaba satisfecha estaba haciendo caer a Conan, lo estaba recuperando, estaba feliz de volv