Alya cayo delante de Said, tapándole el paso.
Said se detuvo resbalando con las hojas y ramas, abrazo con más protección al hijo de Conan. Se aseguro de no haberlo lastimado, al verlo sonreírle se tranquilizó, le sonrió sintiendo un cosquilleo tibio en el corazón.
—Entréganos al heredero de los Imperión, —demando Alya amenazándolo con el látigo, esperaba que ella lo entendiera, que precisamente ella se uniera a su causa, pero su posición parecía clara.
—El pequeño Imperión no está seguro en est