Jena recostada mantenía los ojos puesto en el techo, observo el reloj, una de la mañana, siempre después de un día agitado le gustaba recostarse en su cama, era tan reconfortarle que perdía todo conocimiento a penas su cuerpo se posaba sobre ella. Su dedo punzaba fuerte y doloroso.
Buscaba alguna espina, o peor aún, alguna roncha producto de la mordedura de un araña, pero su dedo lucia normal.
Estaba inquieta pensando en Conan, presentía que algo no estaba bien donde él se encontraba, tenía un