Al amanecer Jena abrió los ojos, Conan estaba dormido con su rostro hacia ella, le parecía como un niño tierno, dulce y preocupado por ella, libero un sonrisa espontanea. Estuvo a un centímetro de acariciar su espeso cabello negro. Era bonito, ese hombre de aspecto áspero y mal humorado, era muy lindo.
Y su cercanía le hacía bien, el malestar de su dedo habia parado y no se había percatado en qué momento.
Cuando sus ojos se abrieron, se encontraron con la mirada de Jena y su sonrisa. Conan no h