Eloísa no tuvo fuerzas ni siquiera para gritar, el aire le golpeaba el rostro y la gravedad la consumía con una fuerza voraz e irrompible. Sintió como el cuerpo de Harrison se pegó al suyo y el vació en el estómago le cortó hasta al respiración, luego, después de lo que pareció una eternidad, un golpe fuerte le arrancó el poco aire que aún tenía en el cuerpo.
El agua los tragó por completo, tremendamente fría, como un témpano de hielo seco, los músculos se le engarrotaron y por más que trató de