Eloísa seguía petrificada en la mesa viendo como el profesor Harrison se acercaba, ¿cómo era posible que estuviera ahí? Miró a Lucía que se tomaba otra copa de ron, la muchacha ya comenzaba a verse un poco mareada al igual que Eloísa, así que no supo qué hacer ni qué decir mientras esperó a que el hombre llegara.
—Miren nada mas —les dijo él en cuanto llegó a la mesa y Lucía dio un salto —dos estudiantes un lunes en la noche bebiendo —Eloísa se encogió de hombros.
—Pues usted también trabaja ma