Clara dejó la bandeja sobre el fregadero y se secó las manos en el delantal. Sin perder tiempo, salió al jardín en busca de Sebastián. Lo encontró terminando de podar unos rosales, concentrado en su trabajo.
—La señorita Anastasia quiere verle en las caballerizas después del desayuno —le informó en voz baja.
Sebastián levantó la vista con una expresión de sorpresa. No esperaba aquella invitación, pero bastó imaginarla esperándolo para que una leve sonrisa se dibujara en su rostro.
—De acuerd