Un mundo lleno de apariencias...
Anastasia suspiró hondo.
Era innegable lo que Sebastián provocaba en ella.
Aquel hombre de apariencia rústica y mirada intensa, la perturbaba realmente.
Cerró la cortina y pensó en él. En la forma en que la observaba en la cocina sin lastima, con deseo.
Sonrió con picardía entonces, recordando sus propios gestos. Recordando como saboreaba aquel exquisito postre imaginado que eran sus labios.
—Debo estar perdiendo el sentido. —se dijo a sí misma.
Se apartó de la ventana hasta la cama,