Al caer la tarde, Sebastián terminó su jornada.
Mientras se lavaba el rostro en el área de la lavandería, vio a Clara sirviendo lo que debía ser la merienda de Anastasia.
Por un momento, estuvo tentando a preguntarle por ella. Necesitaba saber que estaba bien. Que no le había sucedido nada. Pero se contuvo.
Sabía perfectamente porque estaba allí, y cuales eran sus verdaderos motivos y razones. Lo que no sabía, ni se imaginaba era que él también podía ser consumido por la propia llama del