Horas más tarde, la enorme mesa del comedor ya estaba preparada. Iván Belmonte ocupaba la cabecera principal y Gisela permanecía sentada a su lado. Frente a ellos estaban Mauricio y Elena Montero. Eran dueños de la hacienda contigua a la suya. Además de ser viejos amigos, eran socios.
—Entonces, cuando regresemos del viaje, me ocuparé de organizar lo del compromiso —comentó Gisela con entusiasmo.
—Deberías esperar a que nuestra hija esté de acuerdo. ¿No crees? —intervino Iván Belmonte.
—N