Sebastián se dejó caer a un lado de la cama, mientras Anastasia permanecía agitada y ambos intentaban recuperarse.
Poco a poco, la tormenta que durante horas se había desprendido con furia, comenzaba a perder intensidad. La lluvia seguía cayendo, pero ya no con la misma violencia, como si incluso el cielo fuese cómplice de aquel encuentro y finalmente hubiese encontrado la calma después haber presenciado como sus cuerpos se entregaban.
Sebastián permaneció tendido junto a Anastasia, respira