Sebastián se levantó de la cama para ir hasta el baño y limpiarse mientras Anastasia, permanecía tendida en la cama, intentando recuperar el aliento.
Tosió un par de veces. Tenía la garganta seca de gemir. Él la escuchó desde adentro y rápidamente regresó a la recámara.
—¿Estás bien?
—Agua —balbuceó.
Luego señaló con su dedo hacia la mesa auxiliar donde reposaba una jarra de vidrio con agua y junto a ella, un vaso de cristal.
El pelinegro le sirvió un vaso de agua y le dio a beber.
—¿Me