Sebastián permaneció inmóvil junto a la puerta, intentando asimilar que Martina estuviera allí.
Ella se puso de pie con la misma elegancia que siempre la había caracterizado. Antes de caminar hacia él, alisó con delicadeza la corta falda de su vestido rojo, y sonrió con esa seguridad que la convertía en el centro de atención dondequiera que iba.
Avanzó lentamente hacia él, el sonido de sus tacones rompió el silencio de la oficina. Cuando estuvo frente a él, rodeó su cuello con ambos brazos y