Apenas la puerta de la habitación se cerró tras Iván, la alegría que había sentido Anastasia al saber que su padre estaba de regreso desapareció.
Permaneció unos segundos inmóvil, observando la puerta, como si esperara que alguien volviera a entrar.
Giró lentamente la silla de ruedas hacia Clara.
—¿Sebastián ya llegó?
La joven dejó de acomodar unas prendas sobre la cama y negó con la cabeza.
—Todavía no, señorita.
Aquella respuesta hizo que el corazón de Anastasia diera un vuelco.
Era