Mientras el resto de los empleados reunidos en la mesa, observaban atónitos a la heredera de la hacienda, Sebastián se puso de pie para recibirla.
—Buenos días, señorita. —dijo con voz grave.
Anastasia se sorprendió al ver aquel gesto caballeroso con que él se dirigía hacia ella.
—Gracias —contestó parcamente.
Clara dejó el platillo con el pastel sobre la encimera mientras la mayoría de los empleados se levantaron de la mesa y fueron saliendo uno a uno. Algunos ya habían terminado de come