Melissa ingresó dando pasos largos, atrás de ella la seguían sus hombres; ante su presencia Donato no se inmutó, permaneció sentado, ella se ubicó frente a él.
—¿Qué demonios estás buscando?, aquí no hay nada que te agrade, perteneces a otro lugar, las cosas han cambiado, no puedes pretender venir a mi casa como si se tratara de la tuya.
—Conmigo no funcionara tu juego, podrás engañar a los demás, pero para mí sigues siendo el mismo, tu grado de traición es bastante elevado, sabes que el castigo es la muerte —Donato llevó el vaso a la boca.
—Acaso me estás amenazando —rió frente a su rostro.
—No me importa cuanto te rías, cuando esté acabando con tu vida sabrás lo miserable que eres, me debes obediencia y no pienso pedirla... Te lo exijo.
—Aunque tus palabras se escuchan interesantes, la realidad es otra. No te debo nada, eres tú quien me debe, tu impertinencia logró conseguir que mi padre me hiciera de un lado, arruinaste mis planes.
»Estás ocupando mi lugar, tienes una última o