Enfermizos celos

Los hombres al servicio de los socios de Donato de inmediato se apartaron, Fiorella dejó caer su mirada y la posó sobre los labios de Donato deseando el néctar de sus labios.

—Señor Donato, por favor disculpe este malentendido; no teníamos conocimiento de que esta mujer fuera su esposa, por favor perdone nuestras vidas —suplicó uno de ellos inclinando la cabeza.

—¿Estás bien? —Fiorella asintió levemente con su cabeza—. ¿Qué demonios haces en este lugar?, Bruno me tendrá que escuchar —Fiorella
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