Hanna se sentía mejor, incluso si no podía decirle a nadie que su abuela había muerto, y sabía perfectamente que no podía estar mejor si estuviera en otro lugar que en casa de Maximiliano. La mujer terminó de colocar otra de las mini banderitas con purpurina en los cupcakes que habían traído en el catering y tachó de su lista aquella acción.
Una tristeza se apoderó de ella cuando pensó en su hijo. Siempre había querido una fiesta de cumpleaños, así, sin embargo, nunca pudo tenerla. Hanna sabía