Mundo ficciónIniciar sesiónHanna necesitaba dinero para recuperar la custodia de su hijo después de que su ex-marido le robara todo y se lo llevara. Conoció a Tiffany por casualidad y aunque no podía explicar cómo aquella mujer podía parecer tanto a ella, no pudo rechazar la oferta que le hizo, no solo por compasión, sino porque estaría incluso en la misma ciudad a la que su ex-marido había llevado a su hijo. Hanna debía hacerse pasar por Tiffany, la suplantaría como esposa de Maximiliano, un hombre encantador que había sido obligado a casarse por un trato entre ambas familias años atrás y que solo quería darles una buena vida a sus hijos, aunque Hanna debía encargarse de que aquello no sucediera, ya que debía mantener aquel infeliz matrimonio. Hanna sabía que no debía enamorarse, entendía que aquella suplantación terminaría cuando Tiffany regresara con su esposo y recuperara su lugar, pero vivir con Maximiliano hacía las cosas difíciles porque aquel hombre era todo lo que Hanna alguna vez había deseado. Todo lo que su ex-marido, nunca fue . Sin embargo, no sabía qué sucedería cuando todas las verdades salieran a la luz y esa chispa que había entre los dos fuera apocada por las mentiras que los habían llevado a conocerse.
Leer másHacía un poco de calor y Valentina, quien se encontraba sentada en un elegante sofá de aquel gran salón de ejecutivos, decidió ir por un vaso con agua hasta el dispensador que se encontraba un poco alejado. Era una hermosa joven de atractiva figura, su piel morena y su cabello rizado, simplemente podría ser llamada, Diosa de Ébano. Muchas miradas la recorrieron toda, en especial, la del cirujano plástico George Cosío , quien no quiso perder la oportunidad de cortejarla y, dejando a la mujer con quien estaba llevando una conversación amena, decidió seguir el ritmo de las caderas de Valentina.
- ¿Agua? - dijo el Dr., mostrándole una botella con agua que había tomado de una de las mesas.
- ¿Disculpe? - preguntó Valentina, al no saber a qué se refería el Cirujano.
- ¡Solo preguntaba, si!... ¿Deseas agua?- Dijo el Dr., con una amplia sonrisa.
- ¡Si, gracias!, pero prefiero esta que está un poco más helada.- Valentina no recibió la botella que gentilmente él le ofreció y continuó llenando su vaso.
- ¿Desconfías de mí? ¿Piensas que echaré algo en tu bebida?
- ¡No he dicho tal cosa Dr. es solo que esta, está más helada! ¡Ahora si me permite, quiero ir a darme un retoque!. ¡Usted entiende Dr., cosas de mujeres!.- George, solo observó alejarse a Valentina, sus compañeros y amigos que se encontraban en el salón y observaban lo ocurrido, rieron a carcajadas; el buen Dr. Además de ser un buen cirujano, también era un don Juan. Al regresar al lado de sus compañeros, él reía burlonamente, esta vez no le había ido tan bien como otras veces.
La incomodidad de Valentina era evidente, estar en esta fiesta con todas estas personas de la alta sociedad que, solo hablaban de lujos, de dinero, de mansiones, de costosos viajes, hoteles, manjares y demás exquisiteces, se le hacía difícil seguir escuchándolos. Había sido invitada por la Dra. Carolina Carranza, su jefe, para que la acompañara, ya que era una reunión de los altos ejecutivos del gremio de la salud y la Dra., Carolina, era la gerente general de la clínica de su padre. Valentina era la secretaria de la Dra. Carolina, además de desempeñarse como asistente médico de la clínica privada de la familia Carranza, puesto que aún no había culminado su carrera como médico.
- ¿Te gusta mi asistente?- preguntó un tanto contrariada Carolina, al ver que el Dr., no le había quitado los ojos de encima a Valentina desde que llegaron al lugar.
- ¡No puedo negar que es muy hermosa, pero esa chica lo único que está buscando es a alguien que la saque de su pobreza! - dijo el Dr. con seriedad.
- ¡Sí, pienso igual, Valentina es una chica con muchas necesidades, …! Es pobre!.- respondió Carolina con aires de grandeza.
Mientras Valentina, se encontraba en el baño, retocando sus rizos, pensaba en lo aburrida que estaba, este tipo de fiestas no eran para ella, a ella le gustaba más el estar con gente como ella, que hablaran de temas un poco más interesantes que, presumir cuánto dinero poseían en sus cuentas o, con quien se habían acostado, en fin los ricos todos son así, pensaba. De repente escuchó una voz, que claramente sabía de quién era.
- ¡No tienes de que preocuparte, ni darte retoques, simplemente eres… hermosa!.- Valentina se preocupó, el Dr., George, se encontraba en la entrada del baño de damas impidiendo que ella pudiera salir.
- ¡Dr, si me disculpa, quiero salir, ya tengo que irme!.- Valentina estaba decidida a salir y se paró enfrente de él, para ver si este se hacía a un lado, pero el Dr. tenía otros planes. Se fue acercando lentamente hacia ella, mientras en su rostro se dibujaba una cínica sonrisa.
- ¡No se acerque más Dr., porque voy a gritar!
- ¡No hay necesidad de gritar, no voy a hacerte daño! - Dijo el cínico Dr., a solo un paso de ella. Valentina intentaba estar tranquila, pero no podía ocultar su miedo y decidió correr hacia la puerta para huir, pero fue tomada por un brazo y arrinconada con fuerza; sin pensarlo dos veces la tomó por el mentón y la besó con prisa y sin descanso; lo golpeó con fuerza para alejarlo, pero no logró conseguirlo. Un golpe en la entrepierna lo hizo caer de rodillas, y la mueca en su cara reflejaba el dolor que le había causado. Valentina, más que enojada, le asestó un golpe con el puño cerrado en la cara, haciendo que este se tocara la parte adolorida; momento que ella aprovechó para salir corriendo.
- ¿Qué sucede? - preguntó la Dra. Carolina al ver la prisa que traía su asistente. Valentina se detuvo, miró hacia atrás, para ver si su atacante la seguía.
- ¡Dra. yo…! ¡Me tengo que ir!
- ¡No, no te irás, hasta que yo lo diga!- Carolina, a cada momento le recordaba a Valentina, que era su empleada y que tenía que cumplir todas sus órdenes.
- ¡No me quedaré al lado de este maldito! - dijo Valentina al ver que el Dr. George se acercaba. Carolina intentaba calmar a Valentina, ya que no sabía de qué estaba hablando, la tomó por un brazo y la alejó de todos, porque varios médicos observaban sorprendidos a la histérica joven.
- ¡Esta mujer, es una mentirosa! ¡Jamás, le haría daño a alguien! - Le explicaba el Dr. a su amiga y colega, la Dra. Carolina, mientras miraba con furia a Valentina.
- ¿Qué es lo que ha pasado? ¡Por favor, George, dímelo!
- ¡Ella intentó seducirme, se me insinuó, pero le dije que no!, ¡Yo solo tengo ojos para ti, querida! ¡Y mira lo que me hizo! - dijo mostrando el golpe en su ojo.
- ¡Tú le estabas coqueteando!. - Carolina empezaba a desesperarse, por la actitud de su colega.
¡Solo le ofrecí una botella con agua!, ¡ella está confundida!. - El cinismo con el que hablaba El Dr. molestaron de sobremanera a Valentina, no era posible que la Dra. Carolina, le creyera más a él que a ella, ya que tenían años de conocerse y de trabajar juntas, pero en realidad lo que no sabía Valentina, era que su jefe, estaba locamente enamorada del cirujano y estaba enceguecida por él.
¡Necesito que te vayas a la oficina y termines el informe!. - Carolina estaba furiosa con Valentina; mentía acerca de ese hombre que tanto le gustaba. ¡Eso no lo permitiría!
Dos meses despuésHanna suspiró mientras Maximiliano la abrazaba, sus ojos se encontraron con los del hombre acostado en la cama de aquel hospital. Anderson estaba furioso por su nueva condición, pero no había nada que pudiera hacer.— ¿Qué hacen aquí? — gruñó — porque vinieron.— Hanna quería ver cómo estabas, además, mañana te darán de alta, así que queríamos ver si necesitabas algo.— No necesito nada — gruñó el hombre — solo quiero que todos me dejen en paz, ya que no puedo hacer otra cosa que morirme del asco sobre esta cama por culpa de la loca de Tiffany.— Sobre eso... — Hanna miró a su padre — padre, Tiffany, está mal, tuvo un brote psicótico, está bajo tratamiento, pero en unos meses será el juicio y…— No voy a declarar, no quiero verla, espero que se pudra en la cárcel como la loca que es.Hanna no pudo decir nada, ya que Maximiliano colocó una mano sobre las suyas, asintió ligeramente pidiéndole ser paciente y Anderson volteó sus ojos antes de mirarlo directamente a los o
Maximiliano llegó a aquella casa que visiblemente necesitaba una renovación desde los cimientos. Frunció el ceño cuando solo vio un auto estacionado en la parte delantera mientras las puertas estaban abiertas de par en par.El hombre no lo dudó antes de subir las escaleras hacia la planta superior. Sus ojos se movieron por las puertas cerradas a cada lado del pasillo. Todo resultaba demasiado extraño, así que el hombre temió que Tiffany se hubiese marchado y llevado a Hanna y su hijo.— ¡Hanna! — gritó el hombre con prisas — ¡Hanna!Hanna se acercó a la puerta con prisas, sus ojos se encontraron con los de la mujer sentada a su lado y ella tragó mientras corría hacia la puerta, golpeó fuertemente la puerta para hacerle saber a Maximiliano que estaba ahí mientras se sentía cada vez más esperanzada, ya que llevaba horas sin escuchar a Henrry o a Tiffany, la chica suspiró calmándose.Maximiliano se acercó a la puerta desde la que escuchó salir la voz de su mujer. Él trató de golpear aque
— ¡Déjame ir maldita, loca! — Hanna abrió sus ojos cuando escuchó aquellos gritos —. Voy a acabar contigo, asesina, psicópata de mierda.— ¡Vete a la mierda!La voz de Tiffany reverberó en aquel vacío lugar. Hanna secó sus lágrimas preocupada por su hijo, pero antes de que se acercara a la puerta, esta se abrió. La chica vio a la mujer que lanzaron dentro del cuarto. Estaba desaliñada y cubierta de manchas sangrientas, pero seguía teniendo aquel aire de superioridad que Hanna antes temió.La mujer movió sus ojos hacia ella y cayó sobre su trasero, miró la puerta ahora completamente cerrada para luego arrastrarse por el suelo, tratando de alejarse de Hanna.— Qué mierda es esta — susurró en pánico total —. ¿Tú quién eres?, ¿No estabas ahora mismo ahí fuera?, ¡Me quieres volver loca!— Señora, yo no soy... — Hanna suspiró — escuché. Sé que es una locura, pero al parecer mi padre… el padre de Tiffany nunca le contó que yo existía. Soy… soy su hermana gemela.— ¡Qué! — ese jadeo fue absol
— ¡Suéltame! —Hanna jadeó cuando fue tomada del cabello y lanzada a una habitación mientras su exmarido tomaba a su hijo de una mano para llevárselo lejos de ella.La mujer tembló tratando de golpear la polvorienta puerta de aquel lugar donde había sido empujada. El miedo se quemaba dentro de ella mientras esperaba que Tiffany no cometiera una locura. La mujer escuchó el llanto de su hijo venir desde otra de las habitaciones y maldijo una y mil veces su suerte.— ¡Suéltame, maldita sea!, ¡Henrry has cruzado la línea!, ¿acaso estás loco?La puerta fue pateada desde fuera, Hanna cayó sobre su trasero ante aquel repetido golpe y sus ojos se llenaron de lágrimas cuando escuchó a su hijo llamarla. Sobre la voz furiosa de su padre.— Cierra la boca maldita sea, los hombres no gritan como magdalenas — tragó antes de enfocar sus palabras en Hanna — tú también, deja de gritar como una estúpida porque estás aquí justamente porque lo mereces.— ¿Lo merezco? — Hanna negó — no merezco esto y tú de
— No creo que esté robando, señor — el guardia de seguridad habló mientras seguían checando las cámaras de seguridad —. La señora… parece sin duda alguna nerviosa y no deja de mirar hacia la puerta. La cámara no es capaz de captar si hay alguien ahí, pero estoy casi seguro de que sí lo hay.Maximiliano masajeó su frente, miró su móvil intentando llamar a Hanna una vez más y fue exactamente eso lo que sucedió, se dijo. Su mirada se movió hacia la puerta donde su hijo estaba. Lidiar con todo aquello era complicado, así que prefería mantener a sus hijos lejos o al menos intentarlo, así que hizo una seña a la empleada para que se lo llevase.Caminó fuera de su despacho y no lo pensó mucho antes de tomar uno de sus autos y conducir con prisas hacia el único lugar que conocía y que esperaba, Hanna hubiera escogido para quedarse. Llegó a su departamento una hora después, lo pensó dos veces antes de tocar a la puerta.— ¡Hanna! Abre esa puerta, estoy aquí, ábreme, necesitamos hablar— golpeó c
Maximiliano corrió dentro de casa cuando escuchó el llanto de sus hijos venir desde las puertas, sus ojos se fruncieron cuando vieron a Liam abrazando a su hermana mientras su madre, la verdadera gritaba como una loca mientras fumaba un cigarrillo.— ¡Cierra la boca, niña estúpida! — exigió — ¡De verdad que eres insoportable!— ¡Tiffany! — Maximiliano gritó antes de alejar el cigarrillo de sus manos — ¡Te volviste loca!, que le estás haciendo a mis hijos.Maximiliano abrazó a su hija mientras acariciaba el cabello de su hijo. El hombre tragó con molestia un minuto antes de hablar o al menos intentarlo sin levantar muchas dudas, ya que los niños seguían presentes.— Deja de actuar así, vete a mi oficina ahora mismo y hablemos de este… comportamiento.— ¡No!, no voy a ir a tu mierda de oficina y lo que necesito es que alejes a estos molestos niños de mi vista.— Vete lejos de aquí, Tiffany — gruñó —. Los estás asustando, tú no eres así.— ¿Oh?, así que es eso lo que te preocupa— la muje





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