— No creo que esté robando, señor — el guardia de seguridad habló mientras seguían checando las cámaras de seguridad —. La señora… parece sin duda alguna nerviosa y no deja de mirar hacia la puerta. La cámara no es capaz de captar si hay alguien ahí, pero estoy casi seguro de que sí lo hay.
Maximiliano masajeó su frente, miró su móvil intentando llamar a Hanna una vez más y fue exactamente eso lo que sucedió, se dijo. Su mirada se movió hacia la puerta donde su hijo estaba. Lidiar con todo aque