Maximiliano vio a su esposa irrumpir en su oficina sin siquiera avisar, se puso en pie cuando la vio y trató de no sentirse feliz de verla después de haber pasado toda la noche lejos de ella. La mujer, algo angustiada, ni siquiera lo saludó realmente.
Se dejó caer en la cómoda butaca frente a su escritorio y llevó una mano a su pecho mientras visiblemente trataba de calmarse. Maximiliano se movió hacia el minibar oculto en su oficina, tomó una botella de agua de dicho lugar. La entregó a Tiffan