Narrado por Myra
Bardok camina a mi lado sin mirar a los guardias, pero yo sí los miro. Dos hombres grandes, con audífonos, armas al cinto y ojos fríos. Una mansión como esta no debería necesitar tanto.
La administradora nos espera en la entrada. Helena. Vestida impecable, rostro serio.
—¿Qué es esto? —pregunta apenas nos ve.
—Vengo a trabajar —digo, firme—. Y él… él está buscando empleo también. Es mi hermano.
Bardok gira apenas la cabeza hacia mí, pero no me desmiente.
Helena lo examina como si estuviera evaluando un objeto.
—Aquí no entra cualquiera —dice—. Y menos para un puesto de seguridad.
—No es cualquiera —respondo—. Puede proteger. Puede vigilar. No habla de más.
Helena aprieta la boca.
—Lo pondré a prueba —decide—. Pero la decisión final no es mía.
—¿De quién? —pregunto.
—De la señorita Violeta. La nieta de Don Alaric. Cuando regrese, lo evaluará ella.
Bardok no reacciona. Yo asiento.
—Entendido.
Helena nos hace pasar a la sala.
Helena se retira sin despedirse.
Nos quedamo