Narrado por Myra
Bardok no se mueve de la puerta.
Solo me observa.
Sus ojos dorados recorren mi rostro como si intentaran reconocerlo, como si buscaran algo que ya no está ahí.
—Pensé que no volvería a verte —dice finalmente, con una voz que no esperaba. Ni fría ni agresiva. Más… dolida.
No sé qué se supone que debo contestar.
No sé qué contestaría Selara.
—Hace mucho que no hablamos —continúa, dando un paso hacia mí—. Y quiero saber cómo estás… con él.
El aire en mis pulmones se hace pesado.
—Bien —miento con la mejor firmeza que puedo—. Eryon y yo estamos… bien.
Sus labios se curvan apenas.
Una sonrisa sin alegría.
—Si alguna vez necesitas algo —dice bajito—, lo que sea… puedes buscarme. No tengo intención de pelear con él. Pero nunca dejé de preocuparme por ti.
Un nudo se forma en mi garganta.
Qué desastre dejó Selara a su paso.
Qué desastre estoy heredando yo.
—Bardok… —susurro, sin saber qué más decir.
Él baja la mirada como si le costara mantenerse entero.
—Me alegra verte —