Narrado por Myra
Apenas cierro la puerta, mis piernas finalmente ceden. La adrenalina del rescate, la mirada de Eryon, las amenazas veladas de Aria… todo me golpea al mismo tiempo.
Me dejo caer sobre el borde de la cama.
Estoy empapada, helada, y mi respiración sigue desordenada.
—¡Mi Luna!
La voz de Brenna me hace brincar. No sé cómo escuchó mis pasos, pero aparece con una bandeja de toallas como si investigara mi alma desde el pasillo.
—Estás… estás empapada —dice, con los ojos muy abiertos—. No entiendo porque se metio a la piscina a salvar a ese niño. Finn ni siquiera te agrada.
La miro.
Sonrío débilmente.
Tengo que recordar que no puedo confiar en ella… aunque su calidez sea peligrosa y tentadora.
—Ayúdame a secarme. —le ordeno.
Brenna se acerca con una manta.
—Claro… déjame ayudarte.
Me quita la bata mojada con cuidado y empieza a frotar mis brazos con una toalla tibia. Sus movimientos son suaves, atentos.
Pero entonces, mientras me seca el cabello, dice algo que me corta