—Señorita Andrea dejamos sobre la cama su vestido para esta noche pero…—comenzó a hablar una de mis doncellas mientras me sumergía en la bañera—ha llegado esto de la sastrería pedido especialmente por el príncipe en persona—concluyó con una sonrisa extremadamente pícara mientras me mostraba una lencería a juego con el precioso vestido que iba desde el rojo vino en los hombros hasta el negro de la falda.
Mi cara comenzó a arder por la vergüenza lo que aumento las risillas de las chicas enrojecie