Me negué a abrir los ojos, deje que sus manos recorrieran cada parte de mi cuerpo, lo hacía con deseo y con tanta familiaridad que me era inevitable abrir los ojos y encontrarme con aquel extraño; preferí perderme en su tacto, sus besos cargados de deseo.
Me sostuvo entre sus manos elevándome del suelo a la vez que mis piernas se enredaban en su cintura. Mis manos acariciaban su negro cabello ahora aún más despeinado a la vez que le devoraba los labios como si temiera que fuese un sueño y que p