— Mira Lou —Malcom apuntaba hacia el frente— Vamos por un helado.
Y no terminaba por aceptar, cuando el cachorro halaba su mano, corriendo por las calles de Seúl. Había llegado hace unos minutos y ya sentía que estaba en otro planeta, los enormes edificios, el cielo despejado, las calles grises y lisas, todo estaba a otro nivel a los ojos del rubio.
El menor de los Harris pedía dos helados de vainilla y cuando el rubio recibió el suyo, pensaba en lo bonito que se veía, tan bonito que no quería