Odiaba su debilidad física, no saber pelear y defenderse, era lo que más odiaba en ese momento, porque lo necesitaba. De saber pelear, los hermanos Yensen y el, hubiesen partido hacia la manada Sur, pero no era el caso.
— Encontré un arroyo, te traje un poco de agua —Leol le ofreció un termo, su rostro lucía agotado.
— Yo he cazado un conejo —Damian enseño al animal.
— ¡Ni loco me comeré ese conejo! —gritó horrorizado Louis.
— Deberás —musito— Sino morirás de hambre.
— Estás loco Damian —gruño—