— ¿Qué es ese olor? —Steve frunció su ceño— ¡Querida! —gritó en búsqueda de su esposa.
— Aquí estoy —la pelinegra bajo las escaleras con prisa.
— ¿Nadie en esta casa entiende que no se debe correr por las escaleras? —preguntó levantándose del sofá.
— No corrí, solo bajé rápido —la omega sonrió— ¿Quién es el dueño de esas feromonas?
— No lo sé, pero siento que voy a vomitar —el alfa llevo una mano a su frente.
— Eres un exagerado, querido —menciono girando los ojos.
La puerta se abrió de manera