Richmond la sacó de la habitación. Se detuvo en el pasillo y bajó la voz.
—No deberías volver a aparecer por aquí hasta que entendamos qué demonios está pasando.
Rose apretó la mandíbula. —Volveré.
—No así —dijo él. Ella lo miró de frente—. Tu familia financió su internamiento.
—No lo sabía. —Su voz se mantuvo baja—. Lo demostraré.
—¿Demostrar qué? —preguntó ella, arqueando las cejas con incredulidad.
—Que no soy capaz de hacer esto, de hacer desaparecer a un hombre.
Revisó el pasillo. Dos enfe