Rose abrió la puerta de su apartamento y entró. Luces apagadas. Silencio absoluto. Se sentía pesada. Su mente bullía. Dejó las llaves sobre la mesa y se llevó la mano a la frente.
Maya salió de la cocina con un tazón en la mano. Se detuvo al ver a Rose. —¿Estás bien?... Pareces cansada —dijo frunciendo el ceño.
Rose asintió una vez. —Un día largo. —Maya esperó a que dijera algo más. Rose no respondió.
Se dirigió al sofá y se sentó. Sentía las extremidades temblorosas. El mundo le daba vueltas.