—¿Quieres desayunar? —me pregunta.
—No, no me siento bien —le respondo, intentando sonar convincente.
—¿Quieres que te suba el desayuno? —se ofrece pero niego.
—Por favor, me voy a quedar en la habitación toda la mañana... o hasta que me sienta bien —le pido.
—Pero si estás enferma, ¿qué sientes? —insiste.
—Un poco de desaliento, nada más —le digo, intentando restar importancia.
Mi hermana asiente y se va, cerrando la puerta detrás de ella.
Me quedo en silencio, pensando en la verdadera razón p