—Vamos a morir —digo, mi voz entrecortada por las lágrimas—. Estamos sentenciados a la muerte, sí o sí. El alfa no tiene intención de dejar que salgamos vivos de aquí.
Maria me mira con horror y tristeza en sus ojos. Se queda en silencio por un momento, procesando mis palabras.
—¿Qué quieres decir? —pregunta finalmente, su voz temblorosa—. ¿Qué ha dicho exactamente?
Me tomo un momento para calmarme un poco antes de responder. Quiero encontrar las palabras adecuadas para explicar la situación a