―¡Elisa! ¿Eres tú?
Y tardo en responder. Una emoción me recorre entera. La voz de Sandra somnolienta se despeja. El tiempo se para,y mis labios con mis dientes haciendo presión en el labio inferior se retrasan en hablar.
―Sí… ―digo al fin con un hilo de voz y suelto los dientes―. Soy yo. Sandra, ¿te va bien que venga a recoger mis cosas?
Un silencio pesado se interpone en la comunicación.
―Elisa, ¿dónde estás? ―pregunta preocupada.
—Estoy con Susana, mi prima. Si te va bien pasaremos dentro de