El viento aullaba como un animal herido entre las cumbres nevadas. Liria observaba el paisaje desde la ventana de la carreta, un mundo blanco y gris que parecía extenderse hasta el infinito. Habían partido al amanecer, cuando la conspiración en la corte amenazaba con alcanzarlos, y ahora, tras dos días de viaje por caminos cada vez más estrechos y empinados, divisaban por fin su destino.
La Fortaleza de Piedrahelada emergía de la montaña como si hubiera sido tallada directamente de ella. Sus to