El mensaje llegó al amanecer, cuando los primeros rayos de sol apenas se filtraban por las cortinas de su habitación. Liria observó el sello real en el pergamino con una mezcla de aprensión y curiosidad. La cera negra con el emblema del lobo de Norvhar permanecía intacta, como una promesa de secretos por revelar.
—Su Majestad solicita vuestra presencia en sus aposentos privados al mediodía —anunció la doncella que había traído el mensaje, con la mirada fija en el suelo—. Sin acompañantes.
Liria