"No muestres pánico, ni por un segundo", se advirtió Elena a sí misma. "Si fallas, tu vida y todo este plan de venganza terminarán esta misma noche".
Con movimientos controlados, erigió la barbilla y forzó una sonrisa gélida y leve en sus labios para ocultar los latidos de su corazón, que parecían querer desgarrar su caja torácica.
"¿Qué haces aquí, Elena?"
La voz de Alessandro era baja, grave y vibrante, cargada de una mezcla de ira contenida y una incredulidad absoluta. Bajo la tenue luz de l