¡BUM!El sonido del disparo resonó por todo el salón.—¡Noooo!—¡Aaaaargh!Arthur y Matteo gritaron al unísono, dejando a Elena paralizada por la sorpresa. Le faltó el aire cuando el olor a pólvora inundó el lugar. Cuando finalmente logró enfocar la vista, Matteo estaba desplomado en el suelo. El plomo caliente le había destrozado la rodilla derecha, salpicando gotas rojas sobre el vestido de novia de Elena. Arthur Vance gritaba histérico, pero no podía moverse, encañonado por los guardaespaldas.Elena se aferró al suelo, obligándose a seguir mirando la escena. El hedor a sangre y pólvora encendió sus instintos, disipando su miedo y sembrando una semilla de venganza.«Te equivocas si crees que puedes pisotearnos como quieras, Alessandro», pensó Elena con furia. «Por esta sangre, juro que haré pedazos tu arrogancia».Alessandro acababa de declarar la guerra, y Elena prometió que, algún día, haría que aquel hombre se postrara ante ella.Con parsimonia, Alessandro bajó el arma y se puso
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