—No debería estar aquí, señora. Es demasiado arriesgado.
El susurro de María flotó en el aire húmedo del baño, mezclándose con el zumbido tenue del sistema de ventilación central del cuartel general de los Moretti. La estricta vigilancia impuesta por Alessandro se convirtió, irónicamente, en el telón de fondo que le permitió a Elena moverse entre las sombras.
Elena miró a la anciana sirvienta con una intensidad afilada como un puñal, mientras sus dedos aferraban con fuerza una pequeña memoria U