Llegué al aeropuerto de la ciudad de Los Ángeles de madrugada, estaba amaneciendo y el sol comenzaba a salir por el horizonte. Yo solía relacionar el amanecer con el rostro de Eun-Ji, porque sus ojos y su sonrisa eran para mí como un nuevo amanecer.
Me dolió el corazón al recordar que ella había muerto y que nunca iba a volver a verla y me llevé la mano al pecho al pensar en ese hijo que no pudo ver la luz del sol.
Bajé del avión y ya un chofer me esperaba para llevarme directo a la compañía, n